'Por qué no celebro mi cumpleaños' o cómo identificar y sanar un trauma | Cristina Pop
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‘Por qué no celebro mi cumpleaños’ o cómo identificar y sanar un trauma

Cuando cumplí los 8 años organicé una fiesta de cumpleaños a la que solo vinieron dos niñas y eso me generó (o me activó) una terrible sensación de ‘no ser suficiente’, ‘no ser querida’, ‘no tener amigos’ que ha estado marcando mi vida hasta hoy. Con 34 años que tengo, debo haber celebrado mi cumpleaños un par de veces por temor a que no viniera nadie. Aunque, por supuesto, he creado justificaciones como ‘bah, a mí nunca me han gustado los cumpleaños’, o ‘eso es una tontería’ que me permitían no revisar ese dolor que revivía cada vez que me planteaba convocar a mis amigos a algún tipo de celebración.

Esto sería un trauma de manual. Puede parecer algo trivial pero no existen los traumas pequeños y grandes. Cuando eres pequeño no tienes las herramientas necesarias para gestionar las emociones de vergüenza y tristeza que te invaden en una situación así por lo que las reprimes para no sentirlas y creas un mecanismo mental de defensa para evitarte cualquier situación que te las vuelva a recordar. Sin embargo, al haberlas bloqueado se quedan atrapadas en el subconsciente y empiezan, de alguna manera, a regir el resto de tu vida.

Identificando creencias limitantes

Se convierten en parte de las ‘gafas’ a través de las cuales ves el mundo y se cristalizan en lo que llaman creencias limitantes: en mi caso ‘yo no tengo amigos’, ‘no merezco que hagan el esfuerzo de venir’, ‘nadie me quiere’. Lo interesante es que, inconscientemente, con tu actitud puedes hacer cosas que te refuercen y confirmen esas creencias como, por ejemplo, no cuidar a tus amistades, no poner tiempo y cariño en crear lazos fuertes o incluso, como tienes tanto miedo de que no vengan, lo vas aplazando y al final se lo dices con dos días de antelación cuando todo el mundo ya tiene planes: «¿Ves como nadie te quiere?», dirá una voz en tu cabeza. Así que, mejor mantenerse en la zona segura y no volver a celebrarlo nunca más.

Esa voz es lo que se conoce como ego y no es más que un sistema de defensa que está hecho para protegernos de auténticos peligros: ‘He metido el dedo en el enchufe, me he electrocutado, nota mental: no volver a meter los dedos en el enchufe’. Sin embargo, el ego ha ido comiendo cada vez más terreno a la esencia, que sería su opuesto, y prácticamente toda nuestra psique está regida desde ahí.

¿Cómo sanar el trauma?

¿Entonces qué hacemos cuando queremos dejar de vivir desde el ego/miedo (a volver a sentir tristeza o vergüenza)? Pues el primer paso es ser conscientes de ello y eso se hace cuestionando esos chascarrillos que hemos dicho toda la vida. Todas las frases que empiezan por ‘yo (no) soy’ son susceptibles de ser creencias limitantes y formar parte de la falsa idea que te ha creado tu ego de ti. «Yo no soy de cumpleaños», «yo no soy muy de hacer deporte», «yo soy más de quedarme en un rincón»… ¿Estás 100% seguro/a? ¿O tal vez hubo algo en algún momento que a tu ego le hizo decretar que era más seguro quedarse en un segundo plano?

El caso es que hay muchas y muy diversas técnicas de cuestionamiento de creencias o de gestión de traumas como el método ‘The Work’ de la autora norteamericana Byron Katie, las regresiones, popularizadas por Brian Weiss, los trabajos más corporales como la respiración holotrópica o chamánica, el giro derviche… Técnicas hay muchas, algunas más mentales y otras más corporales. Pero lo importante es acceder al momento en que se formó el trauma desde la emoción y no solo con el recuerdo y la mente.

Una vez ahí, hay que liberar eso que se quedó atrapado y cristalizó. Tal vez se consiga soltar de una tacada o hagan falta varias sesiones. Incluso puede que sea necesario volver a visitar el trauma al cabo de unos años a ver si todavía queda algo por sanar.

Mirar hacia dentro

Y esto cada vez que reaccionamos desproporcionadamente a algo que nos sucede en la actualidad. Si alguien me dice ‘oye que al final no podré ir esta tarde que hemos quedado’ y a mí se me hunde el alma a los pies, no debería entretenerme en lo ‘malqueda’ que es esa persona, en ‘ya le vale, mi tiempo es importante’… y prestarle más atención a esa emoción profunda que estoy sintiendo que simplemente me indica que ahí tengo una herida o trauma que debería atender.

Una vez liberado el nudo puedes decidir si celebrar o no ese cumpleaños pero desde la serenidad y no desde el dolor. Un año montar un cumpleaños multitudinario y otro quedarte en el sofá sin que un acontecimiento del pasado siga rigiendo tu presente. Por supuesto que todo puede ser más complejo, ser un trauma multifactorial, ser heredado de tus padres o abuelos, venir de más lejos todavía, etc. Pero la idea es que cada uno aprenda a identificarlos, a sanarlos y a ir más ligero por la vida. Así que yo para el próximo, que cumplo 35, probablemente tenga que organizar una fiesta multitudinaria para acabar de quitarme esa espina que se me clavó en una triste fiesta compartiendo sandwiches de Nocilla con dos niñas.

4 Comentarios
  • Oxana
    Publicado a las 22:05h, 05 diciembre Responder

    To the point, grande Cristina.

    • Cristina Pop
      Publicado a las 08:36h, 13 diciembre Responder

      Gracias Oxi! un abrazo gigante!!

  • Gabriel
    Publicado a las 19:07h, 12 diciembre Responder

    Justamente mi cumpleaños es el 5 de diciembre y otra vez no lo celebré. Gracias por el feedback.

    • Cristina Pop
      Publicado a las 08:36h, 13 diciembre Responder

      Pues muchas felicidades, Gabriel! Si he aprendido algo últimamente es que hay que aprender a quererse!

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