Experimento: una semana dejando de ser quien eres | Cristina Pop
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Experimento: una semana dejando de ser quien eres

‘No me gusta la comida picante’, ‘no soy deportista’, ‘soy más de quedarme en casa’… Desde la forma de vestir hasta la orientación sexual, desde los hobbies hasta la profesión, ya sean grandes o pequeñas cosas, nos pasamos la vida definiéndonos por lo que somos y lo que no somos. Así construimos una identidad en la que nos encerramos y tiramos la llave al mar. Pero, ¿qué pasaría si durante unos días intentaras hacer todo eso que un día, no recuerdas cuando, decidiste que no te gustaba o no se te daba bien?

Un día con ocho años intentaste jugar a fútbol, no se te dio bien a la primera, probablemente habría alguna risa que otra entre tus compañeros, así que desde entonces decidiste que odiabas el fútbol. O, peor aún, que no eras una persona deportista y así hasta hoy. Tengas la edad que tengas, ves por todas partes los beneficios del ejercicio físico y también notas en tu propio cuerpo los perjuicios del sedentarismo. ¿No haces deporte porque no quieres o porque un día lo decidiste y nunca más has vuelto a revisar esa decisión?

Sistema de supervivencia

Probablemente el día que la tomamos, con la edad que teníamos y lo que sabíamos de la vida, fue lo más adecuado para nuestra supervivencia. El niño de ocho años pensó: necesito tener amigos, cuando hago deporte se ríen de mí, por lo tanto podrían dejarme solo, así que lo mejor es no hacer ejercicio. Probablemente el niño ni siquiera lo pensó conscientemente, su sistema de supervivencia llamado Ego lo hizo por él de forma automática. Y desde entonces nunca más ha vuelto a revisar esa ‘decisión inconsciente’.

Pero como esta, hay miles de pequeñas decisiones que nosotros creemos que nos definen pero, en realidad, nos limitan. Las hay que tienen que ver con nuestra salud, con nuestros hábitos alimenticios, con nuestra vida sexual, nuestra relación con el dinero… Las hay que tienen pequeñas consecuencias, como que no comamos queso, o que acumulemos demasiadas cosas, pero también las hay dramáticas como que no nos atrevamos a vivir de nuestro talento o que nos sintamos atraídos por personas abusivas.

Decisiones con consecuencias

‘No, es que a mí me gustan los tíos que me dan caña’, decimos socialmente para justificar que siempre acabemos en relaciones con personas que nos tratan mal o no nos dan espacio en su vida. Pero, ¿y si cuestionáramos esa afirmación? ¿estoy seguro/a de que esto es 100% así? ¿y eso por qué? ¿en qué momento de mi vida decidí que sería así? ¿quiero que esto siga siendo mi realidad?

Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco tiene mayor dificultad que estar un poco atento a lo que dices en cada momento. Tampoco debes empezar por aquello que más te avergüenza y bloquea de tu vida sexual, puedes probar por pequeñas cosas. ¿Dices que no te gusta la comida picante? ¿Por qué no la vuelves a probar? Pero es importante que lo hagas desde otro sitio. No te la metas en la boca con asco, porque tendrás el mismo resultado que antes. Hazlo como si fuera la primera vez y, si no te gusta, pues estupendo, pero ¿imagínate que no te disgusta del todo? Se te abrirá un mundo nuevo y estarás apartando unos centímetros los límites de esa cárcel de la identidad en la que te habías encerrado tú mismo.

Empieza probando una semana. Las frases a las que debes estar atento es ‘yo (no) soy’, ‘(no) me gusta’ o ‘yo nunca/siempre’ y puedes, directamente lanzarte a probar lo contrario o empezar el cuestionamiento y rebuscar en la memoria por qué decidiste ser así. Cuando acabe esa semana cuéntame qué tal ha ido y si decides acabar con el experimento o seguir explorando tus límites.

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