Cuando los príncipes azules matan a sus princesas | Cristina Pop
amor romántico, violencia machista, príncipe azul, educación emocional, autoconocimiento, pareja consciente
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Cuando los príncipes azules matan a sus princesas

Cuando los príncipes azules matan a sus princesas

Una de las entrevistas más duras que he hecho durante mi carrera de periodista fue a una mujer víctima de violencia machista. A estas alturas ya sabemos todos que esta lacra no tiene perfil demográfico ni económico, lo único que tienen en común las víctimas es que son mujeres. Pero este caso me rompió todos los esquemas.

La mujer tenía nombre extranjero pero de un país nórdico, de esos que nos dan mil vueltas en todo. Tenía mediana edad, una carrera en la investigación y un hijo delante del cual su pareja la golpeó por última vez antes de que dijera basta. Pero la cosa entre ellos no había empezado así. Todo en su comportamiento hacía pensar que era la encarnación del mismísimo príncipe azul.

Siempre empieza con romance

De esos que nos enseñaban a buscar desde las películas de Disney hasta los centenares de comedias románticas norteamericanas y nacionales que nos hemos tragado toda la vida sin cuestionar. Resulta que su Romeo era cariñoso, atento, detallista. Siempre estaba dispuesto a llevarla y a venirla a recoger. Le acercaba el tupper al trabajo cuando se lo olvidaba y la acompañaba de compras con la mejor cara. Hizo todo lo que estuvo en su mano por ‘conquistarla’ y, por supuesto, la trató como a una princesa.

Pero en algún momento, entre mimito y mimito, un día en el coche, le soltó un ‘pero qué dices cariño, si tú no tienes ni idea de estas cosas’, al que no le dio ninguna importancia. Con el tiempo subió la temperatura a un ‘cállate anda y no hagas el ridículo’, que alertó a algún miembro de la familia, pero no podía ser, ‘con lo buena persona que es’. La atención y el cariño fue también mutando poco a poco hacia el control y el dominio: ‘¿cómo que vas de compras con tus amigas?, ya te acompaño yo’. Y así se fue construyendo el maltrato psicológico sin que ella se diera cuenta.

¿Por qué no lo ves venir?

Mi pregunta es: ¿qué hizo que ella no se diera cuenta? ¿qué parte de nuestra educación, de nuestra socialización como mujeres o de nuestra visión sobre las relaciones de pareja, nos hacen caer en esas trampas una y otra vez? La respuesta es el ‘amor romántico’. Que dicho así suena tan inocente como las ‘flores silvestres’, las ‘galletas con miel’ o las ‘estrellas fugaces’. Pero en realidad no es el machismo el que mata sino el amor romántico que te hace entrar y quedarte en una relación tóxica, destructiva y que puede acabar con tu vida.

Veamos la diferencia entre el amor romántico clásico que se lleva contando desde Shakespeare hasta nuestros días y una relación sana y consciente entre dos personas maduras y con algo de camino hecho en su crecimiento personal.

Amor romántico

Es para siempre. ‘Nuestro amor es más fuerte que cualquier cosa’, ‘Tenemos que morir juntos’…

Es accidental. Te tienes que tropezar con él. Si lo buscas, no estás siendo romántico.

Es irracional. ‘Jamás en la vida imaginé que acabaría con alguien como tu padre, per me conquistó y aquí estoy’.

Es posesivo. ‘Eres mía y de nadie más’, ‘¿Le has mirado el culo a esa tía?’.

Es dependiente. ‘Sin ti no soy nada’, ‘Sin ti la vida no merece la pena’.

Amor consciente

Es incondicional. ‘Quiero que seas feliz independientemente de que sea conmigo o con otra persona’.

Es reflexivo. Busca la compatibilidad, los gustos en común, la visión sobre la vida, los valores profundos.

Es entre seres completos. Personas adultas, plenas e independientes que se valoran a sí mismas y no se sienten la mitad de nada.

Es para acompañar. Para recorrer el camino juntos, para aprender del otro, para sacar lo mejor de uno mismo.

Es hasta que tenga que ser. Porque cuando la vida les lleva por caminos diferentes saben agradecerse la compañía y siguen por esa otra vía sabiéndose personas plenas y valiosas por sí mismas.

La solución es quererse a uno mismo

Pero claro, esta última forma de amar todavía no está tan de moda. El amor romántico sigue imperando y no es más que un reflejo de lo inconscientes que somos y lo poco que nos queremos. Aunque la mujer de la que hablaba antes me decía que ‘es mentira eso de que les pasa a las mujeres sin autoestima’, mi propia experiencia en relaciones turbulentas me hace creer que solo dos personas sin amor propio permanecen ahí dentro más tiempo del necesario.

Cuando te das cuenta que la persona que tienes delante solo te hace de espejo y que su desprecio no es más que el que sientes por ti mismo porque, si no, le dirías ‘ha sido un placer, hasta otra’ desde el primer día. Entonces se disuelven los príncipes y las princesas y empiezas a bajar las escaleras hacia tu interior para ver qué te ha llevado a ningunear (a agredir, matar) a tu pareja o a aceptar su ninguneo (agresión, asesinato).

Solo saliendo del modelo víctima verdugo y dando una educación emocional consciente, podremos acabar un día con esta lacra de príncipes que matan a sus princesas. Todo lo demás serán parches que no harán más que perpetuar este cuento de hadas que se está haciendo ya demasiado largo.

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